sábado, 24 de julio de 2010

Lejano Este

¿Se imaginan en Chile un letrero como éste de Nueva York?

lunes, 19 de julio de 2010

¿Paridad de Género?

Para dármelas de periodisto, contaré la historia de un persono que siempre pensó en ser un guitarristo, pianisto, flautisto, concertisto o bajisto, pero cuando se lo preguntó a un colego artisto, éste le dijo: “No seas idioto, que los idealistos somos víctimos del sistema. A menos que seas un rentisto no podrás vivir de la música. Terminarás de malabaristo callejero. Mejor consúltalo con tu terapéuto.” Por eso lo consultó con su psiquiatro, quien le dijo que ser poeto no era una opción viable; que no tenía condición física como para ser un atleto, ni disciplina como para ser un policío, capitano o generalo. Por eso decidió seguir una carrera universitaria como dentisto o nutricionisto, pero espera algún día llegar a ser Presidento… aunque no sé si lo dice en serio o de puro bromisto.

domingo, 11 de julio de 2010

Buena evaluación de Piñera


Aunque yo encuentro que lamentablemente todavía tiene miedo a poner en práctica ideas de la derecha...

jueves, 8 de julio de 2010

domingo, 4 de julio de 2010

Historia de un aborto

El fin de semana estuve en una charla con Bernardette Goulding, una mujer como cualquier otra, pero que había abortado. Su historia era como la de miles de otras: joven, lejos de su casa, se metió con el hombre equivocado... El mundo se le vino encima, su embarazo era un problema del que tenía que deshacerse. Como vivía en un país donde el aborto es legal, fue al hospital, donde los doctores le dijeron que la operación sería algo sencillo, que luego todo estaría bien. Ellos nunca le hablaron del niño, ni siquiera del feto, sino que sólo de la “intervención”. Ella tenía el mundo sobre sus hombros y nunca pensó en su acto como un acto de egoísmo, sino que de desesperación, pues todo se solucionaría con la operación… pero no fue así.

Al despertar de la intervención le cayó la teja: ya no había vuelta atrás. Nunca llegó la prometida libertad después de “interrumpir el embarazo” (una “interrupción” que no puede reanudarse). Desde ese momento sintió un vacío increíble, pero en el hospital le dijeron que no se preocupara, ya que era sólo algo hormonal. Fue a consejerías de organismos pro-aborto, quienes le dijeron que tenía que seguir adelante… pero era imposible. Su autoestima bajó al suelo. Todos los años en el aniversario de su “intervención” se sentía vacía, como si no valiera nada. Lo mismo cada vez que veía a un niño. Cuando después de casarse tuvo su primer hijo, se sentía una hipócrita, pues cuando la gente le preguntaba si era el primogénito, ella decía que sí, pero sabía que no lo era. Cada vez que veía a un niño la herida sangraba. Ella sentía que no tenía derecho a hacer duelo por la guagua, ya que ella misma había terminado con su vida, ergo, era imposible curar la herida.

Hay mujeres que para tapar este tremendo dolor se transforman en activistas pro-choice, pero ella trató de tapar el mal con el bien haciendo trabajo social en una parroquia, pero se sentía como si representara el colmo de la hipocresía. Una amiga de la parroquia alguna vez la alabó por algo y ella explotó, pues no tenía derecho a ningún tipo de alabanza. Mientras le contaba no la miraba, la vergüenza no la dejaba. Pensaba que después de contar la historia su amiga la tomaría por la peor de las basuras, pero cuando terminó de hablar y miró a su amiga, ella estaba llorando. Su amiga le abrió los ojos frente al perdón de Dios. Después de eso empezó a aconsejar a mujeres con síndrome post aborto (link a estudio a este síndrome en Chile). Hoy trabaja en una fundación gringa dedicada a ayudar a estas mujeres que se llama Rachel’s Vineyard donde hacen unos retiros donde las mujeres tratan de abrirse al Perdón. Hay algo similar en Latinoamérica. Cuando le pregunté por estudios sobre el crisis post aborto me recomendó una página en inglés que recopila datos sobre esto (en inglés). Entre las personas a quienes le tocó ayudar fue incluso a una dueña de dos clínicas abortivas, que luego de este retiro cerró las clínicas… a pesar de que eran un gran negocio.

Hasta el día de hoy se pregunta si es verdad que los “pro-choice” buscan realmente ayudar a las mujeres.