Hace varios años mucha gente que sorprendía de la estúpida frase de Aylwin: “el Mercado es cruel”. Yo no la encontré tan terrible. Es cierto que el Mercado no puede tener sentimientos de crueldad ni de bondad, porque es sencillamente la suma de las decisiones de todas las personas, no un ente que sienta. Sin embargo, muchas veces las personas que integramos el mercado somos crueles, y muchísimas más somos pocos caritativos. Por ejemplo, en el antiguo mercado de las fiestas de 15, en el que las niñas estaban sentadas en una fila de asientos y los niños estaban parados eligiendo a cuál sacar a bailar, la joven de bonita letra no era la primera que sacaban a bailar, sino que muy probablemente de las últimas. La mayoría de los chiquillos no estaba interesado en hacer que la feíta se sintiera bien. La caridad no es algo que caracterice al promedio. Lo mismo pasa en las decisiones al momento de
comprar. Si tenemos en un mismo estante un traje de lana de Bellavista Tomé, y otro extranjero más barato de igual calidad, generalmente la gente no dirá: “quiero gastar más plata para ayudar a la industria nacional”. Así el resultado será la quiebra de esa empresa, pero no por la falta de caridad del mercado, sino que de las personas que lo integran.El actuar de quienes integramos el mercado, quienes buscamos nuestro interés personal, hace que éste propine a algunos el golpe de la dura realidad. Sin embargo, estos aporreos del mercado no son en vano. Después de la tormenta viene el Sol. Así, por ejemplo, el gobierno de Pinochet fue quizá el que vio más quiebras de empresas y suicidios de empresarios, producto de la poca competitividad de empresas que no resistieron la apertura comercial del país. Sin embargo, gracias a esas quiebras los recursos que estaban siendo utilizados en forma ineficiente en esas empresas fueron reasignados en otras industrias más eficientes, y logramos que en los 90 creciera la clase media y se nos llamara el Jaguar de Latinoamérica (título que se depreció con el paso del tiempo… o de la izquierda).
El mercado no es un guante de seda, pero quizá eso no es lo que necesitamos. Del mismo modo en que un niño que no recibe ninguna palmada terminará probablemente siendo un merengue abúlico, ingrato y maleducado, los países requieren de ciertos aporreos del mercado. Las fiestas de 15 son útiles para que las gorditas aprendan a ser simpáticas, y las desaliñadas a arreglarse un poco más.


