“Que se prohíban las armas”, “que haya paz y felicidad en todo el mundo” son frases que no son sólo dignas de una candidata a Miss Mundo o de la canción “Imagine” de John Lennon, sino que también son usadas por muchos políticos. Éstos saben que suenan bien y que mucha gente de buenas intenciones con poca experiencia en la vida se las tomará en serio.
Esas frases son fantásticas, y ojalá que pudieran llegar a cumplirse. Lamentablemente son irrealizables por su idealismo. ¿Qué se le va a hacer? No se puede construir una sociedad basándose en ellas. En efecto, cuando gobernantes han usado frases similares para edificar naciones sólo se han logrado construir realidades contrarias a las frases inspiradoras, transformando esas sociedades en realidades infernales. Basta ver lo que logró el socialismo marxista y lo que está logrando el socialismo del siglo
XXI.
No se pueden construir sociedades sobre castillos de arena. Por eso el genio de un buen político consistirá en saber utilizar la verdadera naturaleza humana y encaminar a sus conciudadanos hacia lo mejor que se puede alcanzar acá en la tierra... que nunca será lo óptimo, ya que lo perfecto es enemigo de bueno. El político realista no tratará de “acabar con el lucro”, ya que se dará cuenta de lo que decía Adam Smith: “no es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero de lo que esperamos nuestra cena, sino de sus miras al interés propio, y nunca les hablamos de nuestras necesidades sino de sus ventajas”. Lo importante es tratar de encauzar la natural soberbia, avaricia y gula, a que se transformen en un adecuado sentido del honor, en un eficiente sistema económi
co y en una rica cultura culinaria.
Esas frases son fantásticas, y ojalá que pudieran llegar a cumplirse. Lamentablemente son irrealizables por su idealismo. ¿Qué se le va a hacer? No se puede construir una sociedad basándose en ellas. En efecto, cuando gobernantes han usado frases similares para edificar naciones sólo se han logrado construir realidades contrarias a las frases inspiradoras, transformando esas sociedades en realidades infernales. Basta ver lo que logró el socialismo marxista y lo que está logrando el socialismo del siglo
XXI.No se pueden construir sociedades sobre castillos de arena. Por eso el genio de un buen político consistirá en saber utilizar la verdadera naturaleza humana y encaminar a sus conciudadanos hacia lo mejor que se puede alcanzar acá en la tierra... que nunca será lo óptimo, ya que lo perfecto es enemigo de bueno. El político realista no tratará de “acabar con el lucro”, ya que se dará cuenta de lo que decía Adam Smith: “no es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero de lo que esperamos nuestra cena, sino de sus miras al interés propio, y nunca les hablamos de nuestras necesidades sino de sus ventajas”. Lo importante es tratar de encauzar la natural soberbia, avaricia y gula, a que se transformen en un adecuado sentido del honor, en un eficiente sistema económi
co y en una rica cultura culinaria.Dejemos el idealismo para que inspire el actuar personal.


