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lunes, 9 de agosto de 2010

Tres Son Multitud (sistema binominal)

Nunca faltan quienes, sin meditar mucho en lo que afirman, saltan a apoyar ideas sin darle vueltas a las causas que promueven. Si se habla de un Transantiago, se quedan más en la tarjeta bip o el color de la micro, que en los problemas que puede traer el que sea el Estado el que defina los recorridos.

Algo similar pasa las críticas al sistema binominal. Muchos lo critican, pero no se ponen a pensar en las alternativas. Por eso, en este posteo de defensa del bi
nominal no hablaré de sus bondades (p.ej., ser un punto medio entre un sistema mayoritario y uno proporcional; tender a crear dos bloques que tratarán de ser moderados para ganarse al voto medio, dificultando que los partidos extremistas lleguen al poder; lograr la representación de las segundas mayorías; etc.), sino que me referiré a los problemas que pueden traer las alternativas.

Para terminar con el binominal (dos candidatos por circunscripción electoral), las opciones serían las siguientes: que se elija un solo candidato por circunscripción
, con lo que la “exclusión” —que tanto reclaman algunos como los comunistas— sería aún mayor, porque ya no sólo se dejaría de representar a las minorías mínimas, sino que también a las minorías más grandes, ya que sólo el mayor partido sería elegido por región. Si se eligiera esto, ahí sí que Comunistas y Cía. Ltda. alegarían como nunca.

Una segunda opción es hacer un sistema proporcional, donde los partidos políticos tendrían en el Congreso el mismo porcentaje que tienen en votos a nivel nacional. Así, si un 5% vota por los comunistas, que el 5% de los Diputados y los Senadores sea del partido. El problema es que esto sólo puede lograrse agrandando las circunscripciones o aumentando el número de parlamentarios en ellas, ya que es imposible lograr proporciones si sólo existen dos cupos. No creo que mucha gente esté de acuerdo en la segunda posibilidad, pues ella implica aumentar el número de políticos pagados con la plata de todos los chilenos, y el problema con la segunda, es que de aumentarse la circunscripción, uno perdería su diputado local y su senador regional, ya que habría una sola circunscripción nacional, o algunas pocas circunscripciones… así que uno tendría que ir olvidándose de tener a un parlamentario dando vueltas en nuestras ciudades de provincia, pues ya no sería tan rentable preocuparse de ciudades pequeñas.

Meno
s mal que con dos diputados comunistas es más difícil que reclamen por la “exclusión”.

domingo, 27 de junio de 2010

IDD: ¿Ideas de Derecha?

El Nazismo no es extrema derecha, sino que extrema izquierda. ¿Por qué podría llamársele de derecha? En materia social eran totalmente contrarios a la tradición: eran unos revolucionarios que querían crear una sociedad nueva; económicamente eran corporativistas contrarios a esta cualidad que hace tiempo que se asocia con la derecha, el libre mercado. La única diferencia entre el nazismo y el comunismo era la ideología que les daba fundamento. Después de exponerle esto a una persona y pedirle que me dijera por qué sería una ideología de derecha, ésta me salió con que en la política los extremos se tocan y por eso no me daba una diferencia que fuera más allá de los mundos imaginarios creados por Marx y Hitler. Eso de que la línea entre derecha e izquierda es una especie de círculo que al final se toca no es más que el argumento del gato invisible: es como si mientras yo sostenía que no había un gato invisible en una silla, éste me saliera con que el que precisamente el no verlo es una prueba de su existencia…

Sin embargo, le concedo a esta persona un punto que no dijo: la realidad política es bastante más compleja como para clasificar a un partido sólo según esta distinción que nació del lugar dónde se sentaban los políticos en la Asamblea Nacional de Francia. Por eso, puede ser interesante pegarle una ojeada a la página del “polítical compass” o “brújula política”. Esta página no divide el espectro político en dos, sino que en cuatro, combinando factores económicos y sociales. Hay algunas cosas que no me convencen para nada, pero me parece de todos modos interesante. Además, tiene un estudio que uno puede llenar y le dice dónde se encuentra en este espectro político (aunque lamentablemente está en inglés). Lamentablemente este political compass no va a decirnos por qué la Karlita Rubilar milita en un partido de derecha…

A continuación les copio el gráfico de mi posición política (Economic Left/Right: 1.50 // Social Libertarian/Authoritarian: 0.87)
Como ustedes verán, quedé clasificado bastante en el centro, por lo que no sé si seré la persona más ad-hoc para escribir sobres les ideas de derecha.

domingo, 6 de junio de 2010

IDD: Yo sabré lo que hago

Los que tenemos una edad que anda alrededor de los treinta nos acordaremos perfectamente del miedo sentido con la película “Tiburón”, o de las canciones de la clásica película “La Novicia Rebelde”. Esos nombres están tan metidos en nuestra cabeza, que nos parece raro saber que la traducción literal desde el inglés es “Mandíbulas” y “El Sonido de la Música”. Y es más raro aún saber que incluso en España el nombre de la película inspirada en la historia verídica de la familia Von Trapp es “Sonrisas y Lágrimas”… ¡Puaj! ¡Parece nombre de teleserie venezolana!

Menos mal que no existe una entidad internacional encargada de ponerle nombre uniforme a todas las películas, ya que eso impediría llamarlas del modo que nos pareciera más adecuado según nuestras costumbres o tradiciones. Sin embargo, esto que no sucede en el área de las películas, sí sucede en otras áreas con ciertos tratados internacionales, y por eso siempre conviene ser cuidadoso con los tratados que los Estados firman, ya que, por muy bonitos que suenen sus títulos o sus artículos, pueden en algunas ocasiones poner fin a la posibilidad de solucionar los problemas de acuerdo a las realidades y tradiciones nacionales. En efecto, incluso hay tratados como los de Derechos Humanos en los que puede estarse de acuerdo, pero que son leídos inadecuadamente. Por ejemplo, la Convención Interamericana de DD.HH. ha sido interpretada diciendo que prohíbe las leyes de amnistía (aunque no lo dice en ninguna parte), lo que impediría usar ese mecanismo para solucionar conflictos internos, desconociendo que en muchos casos el perdón y el olvido son los mejores mecanismos para solucionar algunos problemas sociales profundos, como sucedió en Sudáfrica al término del Apartheid.

Por eso conviene ser cuidadoso con los tratados que se firma, ya que al igual como sucede con el principio de subsidiariedad a nivel nacional, las agrupaciones mayores —p.e
j. organismos internacionales— deben realizar sólo aquellas cosas que las agrupaciones menores no pueden hacer por sí mismas. Por ejemplo, acordar quién tiene jurisdicción sobre los hechos que suceden en alta mar. Por eso las naciones con ADN de Derecha suelen preferir no firmar tantos tratados internacionales. Un ejemplo de lo anterior es el caso de Estados Unidos, que sabe que es uno de los países de primer nivel en el respeto de los derechos humanos y no necesita de otros que le digan qué hacer, y por eso es uno de los dos únicos países que no ha firmado un tratado con el que casi todos estamos de acuerdo: la Convención sobre los Derechos del Niño.

lunes, 17 de mayo de 2010

IdD: Yo pongo la casa y tú la carne (Principio de subsidiariedad)

Caso 1: “¿No le irá a dar frío si sale sin chaleco? Pero no vaya a elegir ese polerón que parece de rapero ni tampoco el chaleco blanco, porque ese se mancha súper fácil… y para variar soy yo quien termina teniendo que sacar las manchas. ¿Y no le tinca mejor salir otro día mejor?”

Caso 2: “Sí, en mi casa está todo organizado. Mi hijo Pepito se las arregla a las mil maravillas. Cuando salgo en la mañana le dejo preparado el desayuno y cuando llego en la noche ya tiene listas las tareas y está acostado. Entiendo que hasta ah
ora le encanta el jardín infantil.”

Todos conocemos los dos casos: el de la mamá hinchapelotz que no deja al niño tranquilo sino hasta le da una sobredosis de mamonería, y de la mamá que no tiene idea de lo que hacen sus niños supuestamente autosuficientes, maduros y responsables… hasta que se encuentra con el regalito de las libretas de notas o con que se pelaron el auto del papá para salir a bailar o con que terminan de delincuentes juveniles. Mi intención al poner estos casos no es la de dármelas de psicólogo bar
ato aconsejando de paternidad responsable. Mi idea es mostrar que el primer caso se parece al socialismo con su Estado de bienestar, donde después de quitarle a los “ricos” para darle al resto del mundo, trata de hacerlo todo, sin preocuparse de si la sociedad puede o no hacer las cosas por sí misma, creando ciudadanos mamones que necesitan del Estado para todo. En cambio, el liberalismo duro —que ya prácticamente no se da— es ciego ante la realidad de que algunos grupos no pueden solucionar sus problemas graves, y pretende que la sociedad lo haga todo, impidiendo que los más necesitados salgan a flote.

Frente a esto la derecha actual usa la opción —nuevamente con un nombre poco marketero— del llamado principio de subsidiariedad. Éste se basa en dos patas: En primer lugar
hay que tratar que la sociedad se desarrolle lo más posible sin la intervención del Estado. Una vez hecho eso hay que tratar de ayudar a que las personas o grupos intermedios que no pueden desarrollarse por sí mismos. Esto último, además, debe hacerse interfiriendo lo menos posible. Así, es mejor que el Estado les dé plata a las personas que no pueden pagar la educación, antes de empezar a crear colegios. Este principio se basa en la idea lógica de que todo grupo mayor nace para hacer algo que no puede hacer el grupo menor. Por ejemplo, si los trabajadores crean un sindicato es para que éste los ayude a negociar con el jefe, no para que les diga cómo tienen que votar. Si una sociedad sigue el principio de subsidiariedad ayudará a que los indefensos salgan adelante, pero sin tener el efecto secundario de ciudadanos mamones.

lunes, 10 de mayo de 2010

IDD: ¿Las armas las lleva el diablo...?

Es curioso que las típicas escenas de los programas para niños que veíamos en televisión eran todas muy similares a esta: un ratoncillo con cara tiernucha (o un pajarillo o avestrucilla, que para el caso da lo mismo), aparecía escapando de un gato feroz o de un coyote malvado que trataba de darle el golpe fatal a su víctima… pero ¿qué hacía el animalillo no tan indefenso? Sacaba el rifle o la dinamita marca ACME y lograba impedir que se lo comieran. ¡Tan sencillo! Si uno lo mira en detalle, estas víctimas actuaban en defensa propia, pero igual me pregunto cómo la gente no reclamaba por esa violencia envasada en dibujos color pastel. ¿Habrán tenido algo que ver los de la Asociación Nacional del Rifle de Estados Unidos (ANR)?

La ANR es una de las tantas fuerzas distintas que apoya al partido Republicano en EE.UU. Ella es “la organización de derechos civil más grande y más vieja en América”, y está empeñada en proteger la segunda enmienda de la Constitución de EE.UU., que autoriza a poseer, transportar y transferir armas, entre otras cosas. También se dedica a hacer cursos de capacitación, v.gr. cómo usar bien las armas, cómo defenderse, etc. Lo interesante es que esta asociación no es para nada marginal: además de tener un edificio tremendo, tuvieron de presidente por varios años a Charlton Heston. A nosotros (yo incluido), que estamos acostumbrados a mirar más para Europa que para EE.UU., esto nos parece rarísimo. ¿Cómo pueden existir organizaciones como ésta, especialmente después de desastres como el de las masacres que se han hecho en algunos colegios de EE.UU.? ¿Por qué buscan refugio en la derecha?

Frente a la primera pregunta quizá la respuesta es que la gente malintencionada, incluso niños (basta ver casos como el de Cisarro), igual tendrá acceso a armas de un modo u otro, aunque sean hechizas. Por eso, no hay por qué impedir que la gente bienintencionada tenga armas para hacer usos legítimos como el deporte, la caza o la defensa propia. Frente a la segunda pregunta, quizá la respuesta es una suma de factores: la derecha cree en la responsabilidad personal, y por tanto, en la no prohibición de cosas que pueden ser usadas para el bien. Si alguien usa un arma para el mal, esa persona debe ser castigada (aunque a veces no se puede, porque el que mal usa un arma puede suicidarse después de hacerlo). Si se empezara a prohibir las cosas que pueden ser usadas malamente, habría que prohibir también la venta de cuchillos, hondas y pinturas en spray. Además, la derecha sabe que el Estado nunca puede encargarse de todo. Por eso, aunque las armas las lleva el diablo, los ángeles arcabuceros las tienen en sus casas por-si-aca.
P.D.: El título no me gustó mucho, así que si se les ocurre algún otro se lo agradecería.

domingo, 25 de abril de 2010

IdD: Estará de Dios... (Realismo frente a las Leyes)

La semana pasada las noticias en Europa no pararon de hablar de la nube de cenizas lanzadas por el volcán Eyjafjallajokull (¿les quedó claro el nombre? ¿supercalifragilisticuespialidoso?). ¡Es increíble que en pleno siglo XXI el modo de vivir de gran parte de los países “desarrollados” pueda verse afectado por un par de cenizas en el aire! Lo bueno es que sirve para que recordemos que no somos omnipotentes. A ver si así se nos quitan estos aires de grandeza.

En todo caso, me alegra mucho que esto no haya pasado en Chile, porque o si
no nuestros legisladores —entre los cuales muchos se creen omnipotentes— se habrían puesto a presentar proyectos que, tratando de solucionar problemas imposibles de arreglar por ley, dirían cosas como desde “Oblíguese a las compañías de seguros a asegurar contra nubes de cenizas”, pasando por “Oblíguese a las compañías de seguros a asegurar contra nubes de cenizas, pero sin subir el precio a la prima”, y culminando en cosas como “Prohíbense las erupciones volcánicas en períodos de auge turístico”.

No crean que estoy exagerando. Es cierto que en gran parte el debate parlamentario en nuestro país está determinado por lo que los Honorables vieron en las noticias durante la semana. Esto se nota en que, si en una semana hubo un reportaje importante sobre un asunto específico, los parlamentarios presentan como cuatro proyectos sobre el tema a la semana siguiente. El problema de esto no es sólo que muestre una falta de preparación al legislar, sino que en muchos casos también una creencia de que la ley puede resolver todos los problemas del ser humano… siendo que muchas veces es la causa (v.gr. Estatuto Indecente). Un ejemplo de lo anterior es el proyecto de ley que buscaba erradicar la obesidad prohibiendo, entre otras cosas, que niños menores de catorce años compren cosas perversas como mermeladas o mayonesas.

Supuestamente la derecha, por su carácter más pragmático, no debiera caer en la tentación de tratar de abolir el mal por ley… pero muchos han cedido a sus principios y populistamente se ponen a presentar proyectos de este estilo, olvidando que la misión
de las leyes es sólo tratar de fijar las normas en las cuales la sociedad misma se pueda dirigir al bien común, dando una certeza jurídica, pero no tratando de regular todo el comportamiento social. Hay que aceptar que hay males que lamentablemente no queda más que tolerar, pues si se tratara de arreglarlos por ley se terminaría creando una sociedad totalitaria. Por mucho que se quiera, no se saca nada promulgando una ley que digapueden solucionar los problemas sociales con una ley que diga: “Prohíbase el mal en el mundo”.

domingo, 4 de abril de 2010

IdD: La unión hace la fuerza (globalización)

Aunque este posteo no tiene ninguna relación con la fiesta de hoy, igual quería desearles una feliz Pascua.


Ahora sigo con la programación habitual:


Los latinos generalmente usamos dos apellidos, uno paterno y otro materno. Los anglosajones a veces ponen como segundo nombre el apellido de la madre. Los rusos tienen el patronímico (una derivación del nombre del padre) entre el nombre y el apellido. Sin embargo, lo más curioso que conozco es el sistema islandés, quienes no tienen apellidos, sino que sólo un patronímico (así, el hijo de Juan sería Pedro Juanson, y una hija sería María Juandottir).

Estas diferencias hasta hace poco no causaban ningún problema, pero

con la globalización se pueden ver casas como la que le pasó al papá de una amiga islandesa, a quien pararon en el aeropuerto porque no le creían que fuera el padre de su hija menor de edad, ya que ambos tenían distintos “apellidos”. Tuvieron que llamar al embajador para que solucionara el asunto.

Aparte de estos inconvenientes menores de la globalización, ella ha mejorado visiblemente la calidad de vida de millones de personas, no sólo por la inmigr

ación, sino que también por cosas como las vistas recientemente con la ayuda internacional a las víctimas del terremoto en Chile, ayuda a la cual se ha tratado de no poner barreras (no creo que la ayuda de Lula haya pagado aranceles o impuesto a las donaciones). Esto hace tomar conciencia de la unidad de la humanidad.

Si la globalización no es más que este acercamiento que se produce entre los habitantes de una nación gracias a los avances en las telecomunicaciones y el transporte, parece curioso que la gente se asuste con la globalización y proteste en su contra. Al parecer hay gente que reclama porque asocia la globalización con el mantenimiento de desigualdades, pero eso es harina de otro costal, algo que puede suceder o no, ya sea con un sistema o con otro.

La globalización es un hacer que las fronteras desaparezcan, cuestión que no sólo debe suceder mediante avances tecnológicos, sino que a través de la eliminación de las fronteras artificiales, como pueden ser las barreras arancelarias o a la inmigración, de modo que el movimiento en el mundo se parezca cada día más a las realidades naci
onales. En efecto, si hoy en día viajar desde Brasil a Chile toma lo mismo que antes tardaba viajar de Viña a Santiago, por qué no luchar por derribar barreras entre ambas fronteras (a menos que ellas existan para proteger de la contaminación a ciertos productos). Lo contrario no sólo impide que las condiciones de vida entre las naciones sean más homogéneas, sino que sería similar a pedirle a un santiaguino que tenga que sacar visa para ir a Lihueimo.

lunes, 22 de marzo de 2010

IdD: No nos compliquemos por tonteras (Revisión Técnica)

Estimados: les queria pedir perdon por no haber subido posteos en los ultimos dias, pero he estado fuera de mi centro de operaciones de todos los dias. De hecho, ahora les escribo desde un computador fuera del pais donde vivo, y por eso muchas cosas las escribo sin acentos. Como ando sin tiempo para escribir algo nuevo, les hago un refrito de un posteo antiguo, pero que ahora acabo de pasar a la categoría IDD, y que viene bien porque se trata de un tema que nos toca en marzo:


Lunes 30 de febrero, Avenida Marina, Viña del Mar: Un Reggaeton proveniente de un auto enchulado cuya patente comienza con las letras AC, que por mucho alerón, luz morada iluminando su paso, llantas y cubrevolante marca Momo, no puede ocultar sus años, ni evitar sugerir que para pasar la revisión técnica el dueño debe haber pasado un billetito al encargado.

En marzo el Gran Hermano exigirá a Dadi Gringi —el chofer de esta máquina— cuente con un flamante certificado de aprobación de la revisión técnica. ¿Por qué impondrá este requisito? No es para evitar la contaminación, ya que para eso está la revisión de gases (un papel aparte). No sería muy lógico que lo exigiera para evitar accidentes, ya que las principales causas de esos accidentes son el manejo a exceso de velocidad y el trago, y porque el principal interesado en evitarlos es el conductor. Tampoco es para controlar que se cumpla con las normas del tránsito, ya que basta con lo asustados que nos tienen los Carabineros (institución a la que admiro).

Afortunadamente los autos que he usado nunca han tenido un problema serio con la revisión técnica, pero no estoy reclamando aquI en favor mIo, sino que de personas como Dadi, cuyas patentes AA, BC o DC no tienen ninguna posibilidad de pasar este trámite sin mojar al fiscalizador de turno.


Cuando el el Estado exige muchas cosas innecesarias olvida que la mayorIa de los conductores somos gente cuerda que quiere que, tanto nosotros como nuestros autos estamos seguros. Le apuesto al Sr. Estado que los choferes buscamos nuestro bien más que él. La revisión técnica, tal como existe hoy en dIa es más bien una recaudación técnica. Si el Estado quiere actuar adecuadamente debiera reducirla a revisar las cosas más básicas, como los frenos, los gases y las luces traseras.

No puede ser que cada día se nos pongan más y más requisitos para la realización de cosas lícitas, jurando que somos tontos o chuecos, con el resultado de que, al final, como tenemos un derecho natural a hacer cosas como transitar por calles públicas, no tenemos ningún incentivo moral como para no tratar de saltarnos las normas que nos impiden hacer uso de nuestros derechos humanos (p. ej. transitar, negociar, fumar, etc.), o peor aún, para no entregar billetitos a los fiscalizadores ... gracias a Dios no he hecho esto último, pero quizá es porque soy de los pocos chilenos cuya patente comienza con las letras XX.

lunes, 15 de febrero de 2010

IdD: No le pidamos peras al olmo (imperfecciones del mercado)

¿Pero qué pasa los pobres no pueden comprar lo necesario para la vida? ¿o si no se alcanza este milagroso precio de equilibrio? ¿No es esto una imperfección del mercado? Para responder esto hay que recordar que el mercado no es Dios. Es sólo el mecanismo natural que hace eficiente la asignación de precios reflejando las decisiones de las personas al reflejar en precios decisiones de millones de personas (y no debemos olvidar que estas elecciones son hechas por gente con pecado original. Veamos los problemas principales:

1. La gente pobre puede no alcanzar a comprar cosas básicas, v.gr. educación o salud básica. Frente a este problema no hay que ir de atrás para adelante y f
ijar precios, ya que eso sólo llevará a que exista escasez de ese producto, como sucedió con Allende quien dijo al final de su gobierno: “sólo queda harina para tres días”. El mejor modo de solucionar esto será dar subsidios a los pobres.

2. Los bienes gratuitos de uso común, como el medio ambiente, pueden ser mal utilizados al no cobrarse nada por ellos. Acá el Estado puede también intervenir, ya sea r
estringiendo prudentemente el uso de estos bienes, o poniéndoles artificialmente un costo.

3. A veces existen monopolios que pueden hacer que los precios suban mucho. Acá hay que partir de la base de que los monopolios no son algo malo en sí mismo,
ya que si alguien es el único dueño de un negocio y se pone a subir los precios, esa subida de precios será momentánea, pues ya llegará otro a hacerle la competencia bajando los precios. El problema se produce cuando existen “barreras a la entrada”, como sucedería si se hacen prácticas contrarias a la libre competencia, pero para eso hay que procurar que la Fiscalía sea eficiente. Algo distinto sucede si esta barrera a la entrada es algo natural que no pueda ser evitado, caso que sería el único en el que sería necesario que el Estado regulara de algún modo.

Al tratar de solucionar estos problemas no se debe olvidar que el mercado será una realidad subyacente, ya que al contrario a lo que dijo un político, la ley
de la oferta y la demanda no es algo derogable. Así, si se pretende dar un subsidio a los cesantes, se debe procurar que no sea muy alto ni muy extendido en el tiempo, ya que ello haría que ese subsidio fuera más demandado que el trabajo, transformándose en un incentivo a la cesantía.

domingo, 20 de diciembre de 2009

IDD: Te conzco mosco

Al recordar cómo el populista de Zelaya se las quiso dar de tirano (llegó al poder apoyado por la derecha, en la mitad de su gobierno se declaró un caudillo socialista, pero no consiguió el soporte de los de su nueva tendencia en el parlamento), me puse a pensar que con el sistema parlamentario es más difícil que se generen estos pseudo-mesías. Fue sólo un pensamiento, ya que no es que ande con añoranzas del sistema parlamentario “a la chilena”, ese que hizo exclamar al presidente liberal Barros Luco en medio de su inactividad frente a los que llegaban a contarle problemas: que él no se preocupaba, ya que el noventa por ciento de los problemas se soluciona solo, y que el resto de los problemas no tiene solución. No, no ando con añoranzas porque ese peculiar sistema hizo que las responsabilidades se diluyeran en esa masa de parlamentarios anónimos.

Además, la democracia requiere responsables que den la cara por sus actos, de
modo que cuando las cosas vayan mal sea fácil saber a quién culpar. No digo esto por ese deseo tan humano de llevar brujas a la hoguera cada vez que algo sale mal, como se hizo con la Vivian Heyl con el escándalo de Becas Chile. Lo digo porque el modo de solucionar los problemas es justamente terminando con su causa, la que reside muchas veces en quienes están a cargo de coordinar a la sociedad. Por otro lado, cuando quienes nos gobiernan, toman decisiones o hacen recomendaciones son comisiones, nadie termina siendo el responsable por las metidas de pata. De hecho, creo que por eso le gustaban tanto a la Bachelet las famosas comisiones, como la de educación o la de equidad, porque así, si ella tomaba una decisión, siempre podía tirar un poco el traste para las moras y decir que el resultado no era una idea de ella, sino que del “consejo”. Por lo demás, como estos consejos funcionan sobre la base de mayorías, y es el mismo Gobierno quien elige a sus integrantes, es muy fácil proponer el número exacto de integrantes para que el resultado sea, a pesar de los negritos de Harvard, el buscado por quien convoca la comisión. Por eso, la derecha en general busca que las responsabilidades sean entregadas a alguien que sea la cara visible y no a estos entes diluyentes de responsabilidades.

Al pa
recer esto funcionó adecuadamente con el régimen presidencialista chileno, el cual logró que, a pesar de que nuestra Jefa de Gobierno tratara de desligarse de responsabilidades a través de la creación de comisiones, etc., la gente supiera que en definitiva la culpa de las embarradas era de la Presidente, quien manejó inadecuadamente muchísimas situaciones. Por eso estamos echando a nuestra simpática bruja.

domingo, 13 de diciembre de 2009

IdD: Mucho abarca poco aprieta

Hoy no hablaré de las elecciones. Como todo el mundo ha de estar hablando de eso, hablaré de algo distinto.

Una de las películas que mejor refleja las ideas de derecha es “Los Increíbles I”, de Disney-Pixar. En ella unos superhéroes son obligados a renunciar a sus poderes e integrarse a la sociedad como gente normal, como lo que sucede con personas talentosas para los negocios en sociedades socialistas en las que no se les dan incentivos para desarrollar sus talentos. Sin embargo, mi idea ahora no es hablar esta película ganadora de dos óscares, sino que de una cosa en particular que ahí se decía. La hija estaba en toda esta etapa de la adolescencia y quería usar sus súper poderes para ser especial, pero la mamá le dice que no se preocupara con eso de ser normal, porque todas las personas son especiales de un modo u otro. La hija en una respuesta muy sabia le dice: “si todos son especiales, entonces nadie es especial”.

Algo similar sucede con los derechos humanos. Estamos de acuerdo en que deben ser protegidos especialmente, pero los “idealistas” quieren que todo se transforme en un derecho humano, no sólo el que no se mate a un inocente o la libertad para asociarse o profesar una religión (cosas en las que coinciden los realistas). No, ellos quieren incluir en el listado otras cosas como el “derecho humano” a la paz, al celular y
a que el Estado financie los cambios de sexo. Con ello sólo se logra que lo que antes tenía una protección especial pase a estar al nivel de meros deseos o de cosas en que incluso la gente no está de acuerdo.

Por eso considero una tontera el decir que existen derechos humanos de primera, segunda y tercera generación. De qué sirve decir que hay un “derecho humano de tercera generación” a la paz. ¿Es posible exigirle este “derecho” a alguien? Si no es exigible ¿es un derecho?

Al alargar el catálogo de derechos fundamentales —que ya no serían sólo humanos, sino que también de los árboles, de los animales, de los consumidores, no fumadores, etc.—, es que se agrandan las posibilidades de choques entre derechos (p.ej.: mi derecho a un medio ambiente libre de contaminación odorífera choca con tu derecho a no us
ar desodorante), sino que también se trivializa el núcleo de los derechos humanos verdaderamente fundamentales en una sociedad democrática. Del mismo modo en que con la inflación el valor de cada billete es más bajo, con la inflación de DD.HH. el valor de cada derecho individualmente considerado es menor. Además, si los esfuerzos mundiales no se enfocan en impedir mal acotados, los esfuerzos por evitar violaciones a los verdaderos derechos humanos no serán muy efectivos, pues quien mucho abarca poco aprieta.

domingo, 29 de noviembre de 2009

IDD: Si vis pacem, para bellum

La eterna neutralidad de los suizos es un clásico. Hasta hay un chiste sobre esa característica (lamentablemente no lo recuerdo: si alguno de ustedes me lo cuenta me haría un gran favor). Es interesante considerar que esas mismas mansas ovejas neutrales tienen ejército y un servicio militar más que obligatorio —del cual nadie se salva y que debe ser renovado cada cierto tiempo—, que todo suizo tiene un arma en su casa, y que tienen tanta tradición militar que hasta le prestan un resto a otro Estado: la Guardia Suiza del Vaticano. Es lógico que hagan eso, ya que por muy pacífico que sea un pueblo, sus vecinos pueden no tener las mismas intenciones... basta mirar la historia del siglo XX. Por eso, si vis pacem, para bellum: si quieres paz, prepárate para la guerra.

Este es uno de los buenos momentos para darse cuenta de eso en nuestro Chile querido. Nuestra patria es pacífica, que no tiene intenciones dobles con sus vecinos. Para notar esto basta recordar, por ejemplo, que durante el Gobierno militar se estuvo dispuesto a entregarles mar a Bolivia (pero Perú, que según el tratado limítrofe vigente tiene que aceptar cualquier modificación en el territorio de Chile o Bolivia no quiso autorizarlo), o que Chile promovió la entrada de Perú en la APEC.

Por otro lado, sin embargo, hoy nos topamos con un vecino que no tiene nuestras mismas intenciones de paz. Sólo nos basta recordar cuando que hace no mucho que el general peruano Donayre dijo que los chilenos serán sacados de Perú en ataúdes (olvidando que somos nosotros quienes los hemos recibido con brazos abiertos), este mismo año los chilenos no le dieron importancia a un acto de espionaje en el que estuvo involucrado el ex agregado naval de Perú en Chile y a pesar de que existen tratados internacionales en la materia no hemos tenido ningún problema con ir a La Haya donde ellos quieren plantear asuntos limítrofes... pero apenas sale el primer asunto en que está involucrado Chile —un supuesto espionaje que no está nada de claro si realmente existió—, el presidente de ese país salta cual gata en celo a lanzar pachotadas contra Chile, el Gobierno y nuestra supuesta carrera armamentista (mejor será que se ponga a contar los buques y tanques que tiene ese país).

Es previsible que el Allan quiera subir a como dé lugar su baja popularidad, a pesar de que eso sea a costa de la paz en la región. Por eso debemos ser como una cortapluma suiza: elegante e inofensiva por fuera, pero muy bien preparada por si acaso.

domingo, 22 de noviembre de 2009

IDD: La Recomendación Viene Muy de Cerca

En Inglaterra e Irlanda hay que pagar unos 160 euros al año por cada televisor que uno tenga. Es la llamada patente de televisión, destinada a financiar la televisión y radio estatal (Eg. BBC y RTE). Mucha gente lo encuentra razonable y dice que gracias a ello puede tener televisión y radio de calidad donde pueda mirar programas culturales y escuchar música clásica... que eso educa a la población.

A ver, vamos por partes:
¿No ofrecerían esa programación los canales privados si la gente realmente quisiera verlos?

Si la gente no quiere verlos ¿no cambiará de canal y se irá al Megavisión británico?
¿Acaso no sirve el cable o internet para solucionar la falta de variedad en la programación? (consideremos que incluso a los pobres se les obliga a pagar esos 160 euros al año)
¿No será que los que quieren escuchar esa música clásica y esos programas educativos quieren que el resto los financie?
¿Por qué debe el Estado decidir qué “cultura” queremos?

Sigamos con las preguntas, pero yendo más al fondo:
¿Se justifica que el Estado sea dueño de medios de comunicación?
¿Queremos darle al Estado el poder de adoctrinarnos a través de sus medios de comunicación?
¿Se imaginan tener que pagar para que los zurdos de la Consuelo Saavedra y Gómez-Pablos nos cuenten las noticias?
¿Por qué subsidiar con nuestros impuestos panfletos propagandísticos de 60 páginas tipo diario La Nación?

Después de tantas preguntas, creo que es mejor que el Estado venda sus medios de comunicación y que quien quiera cultura use esos 160 euros para comprar libros.

domingo, 1 de noviembre de 2009

IdD: Cada Maestrillo tiene su Librillo

Un día cualquiera recibí una llamada en mi celular de alguien a quien no conocía. Se consiguió mi número de celular de algún modo que desconozco y me dijo que me llamaba para felicitarme por una carta al diario que me habían publicado ese día o el anterior. Me dio su nombre y me contó que él también publicaba muchas cartas. Como estaba en mitad del trabajo le dije que me llamara más tarde. Entre medio, para saber si sería o no un loco preferí guglear su nombre. El resultado: una página de LUN donde entrevistaban a un señor que escribía miles (literalmente) de cartas al diario y lo entrevistaban por su peculiaridad.

En su segunda llamada me contó que lo habían vetado en los diarios, y quería que lo ayudara para publicar algo muy importante: la publicidad “ensuciarse hace bien” de OMO era terrible, incentivaba a los niños a estar en contacto con gérmenes que les podían hacer mal... ¡Pensé que era broma! ¿Creería que le conviene a los niños quedarse en la casa cual anémicos? ¡Que el contacto con la tierra les forme anticuerpos! Eso es mejor que darles yogures probióticos para que suplan su vida ascéptica. Pero él no es el único que quiere criar merenguitos. El Gobierno también lo quiso (pero peor, ya que buscaba merenguitos de carácter) cuando prohibió que los niños hasta cuarto básico repitan en colegios públicos (no sé si en los subvencionados).

Un experimento como ese (no sé si aún se aplica) podría quizá funcionar si al año siguiente el colegio le pone un profesor con mayor dedicación a quienes no aprendieron, pero en un país pobre como Chile eso no se puede hacer. Por lo demás, el ser humano aprende de las caídas, y para aprender a tener tolerancia al fracaso más vale que el choque con la realidad se produzca en cosas sin mayor importancia como el repetir el curso. Los escolares no son imágenes del Niño Jesús de porcelana como para que los ponga en un fanal.

Lo peor de todo es que el Estado hizo ese experimento a nivel nacional. ¿Por qué no mejor dar libertad para que cada colegio elija el mejor modo de enseñar? Ya es más que suficiente con que se exijan resultados. En esta crítica no estamos solos, y por eso cito a Gabriela Mistral, quizá nuestra profesora más notable: “Me parece una calamidad el Estado docente, especie de trust para la manufactura unánime de las conciencias. Algún día los gobiernos no habrán sino de dar recursos a las instituciones y los particulares que prueben su eficacia en la educación...También pesó sobre mí el Estado docente, centurión que fabrica programas y que apenas deja sitio para poner sabor de alma”.

domingo, 11 de octubre de 2009

IdD: Gato por liebre

Cada vez que voy a un restaurant trato de pedir algo que no coma generalmente. Un día pedí un “conejo a la cazadora”. No fue nada que me gustara mucho, pero al menos había tenido la suerte de que me tocara un pedazo grande de carne. El problema de este pedazo era que tenía puro hueso y tenía que buscar la carne cual aguja en un pajar. ¿Me habría tocado el pecho del conejo? pero poco a poco vi que este hueso era bastante redondo, y que ¡también tenía un par de ojos y unos dientes amarillos de conejo!... al menos constaté que la liebre no era un gato.

Si hubiese sabido que el chef poco prolijo de ese club me iba a dar esa sorpresita, habría pedido arroz con huevo. La información es fundamental para poder elegir bien en el mercado. Por eso existe la publicidad, y mejor aún, la fama que las personas hacen de las marcas... no muchos pedirán conejo en ese club al que fui. Además, existen normas como las que prohíben la publicidad engañosa y que exigen dar cierta información. Es cierto que muchas veces estas regulaciones son excesivas, y hacen que los pequeños productores no puedan seguir vendiendo sus productos legalmente, por ejemplo, las papas fritas “La Caserita”, que nuestra amiga Juanita hacía en su fábrica artesanal ya no serán legalmente vendidas si ella no tiene la plata suficiente para pagar los estudios necesarios para tener la etiqueta obligatoria de “información nutricional”.

Cierta regulación mínima es buena y necesaria para hacer que el mercado funcione bien, especialmente aquella que protege la libre competencia, pues impide que ciertos productores pongan barreras a la entrada... ¿barreras a la entrada? ¿no se buscaba impedir los monopolios? No, en principio no hay ningún problema con los monopolios, ya que si ellos empiezan a cobrar de más, no podrán aprovecharse de los consumidores por mucho tiempo, ya que al poco andar aparecerá un competidor que quiera obtener los frutos de ese mercado (como vimos en el posteo anterior). El verdadero problema es cuando el productor actual impide a través de medios ilegítimos que otro le haga competencia, por ejemplo, amenazando a quienes le venden la materia prima para que no le vendan al nuevo competidor. Otro ejemplo es la misma regulación, que también puede ser una barrera a la entrada, como por ejemplo aquella excesiva que hace que personas como doña Juanita no puedan ingresar al mercado de los alimentos.

También hay monopolios en los que es imposible (o casi) la competencia, ej.: agua potable, caso en el cual se puede requerir una regulación para que no se nos pase gato por liebre, siempre y cuando esta regulación sea justa y no estemos nosotros obligándolos a cargar con el gato.

domingo, 4 de octubre de 2009

IdD: In medio virtus

El otro día pensé que los fabricantes de cepillos de dientes (llamémoslos “Tiburones”) habrían creado el hilo dental como una primera fase de un plan siniestro para encarecer sus escobillas. El proceso sería el siguiente:

1. Tiburones creó el hilo dental (el de verdad, no el traje de baño brasileño). Este producto requier
e de todo un tratamiento innecesario y previo al lavado de dientes, cosa que nadie hace (salvo después de un asado dieciochero o alguna ocasión similar).
2. La empresa mantiene el producto por varios, a pesar de que no es necesario.
3. Durante estos años convencen a los dentistas de que el producto es saludable. Esto no es difícil de hacer, ya que casi todo lo desagradable le hace bien a los dientes (sacarinas, frenillos, lavarse los dientes a cada rato, etc.), y todo lo agradable mal (comer a deshoras, café, etc.).
4. Los dentistas empiezan a recomendar el uso del hilo dental.
5. Esto produce una combinación perfecta para los planes de estos productores: uno no usa el hilo dental, pero como es saludable le da cargo de conciencia no hacerlo.
6. Ahora es el momento preciso para que estos fabricantes maquiavélicos actúen: ¡crean un cepillo de dientes que no sólo lava los dientes, sino que además tiene el mismo efecto que un hilo dental! Lógico que este cepillo será mucho más caro que la escobilla normal, pero debido a nuestro cargo de conciencia será un éxito en ventas.
7. Por si acaso, por si Tiburones pudieran seguir ganando plata, agregan esto: “los dentistas advierten que el uso de este cepillo no debe excluir completamente el uso de hilo dental”.

Esta paranoia no me duró mucho. La existencia del mercado es garantía de que esto no es así, ya que es muy difícil que se produzca el paso 2. Si un producto no es usado por la gente desaparecerá, ya que no es negocio para el productor, a menos que a éste le conviniera irse a pérdida por varios años confiando en lo que ganará con estos cepillos especiales, pero esto es difícil de sostener en un mercado con competencia. Recordemos que en el mercado funciona la ley de la oferta y la demanda, lo que significa que si la gente quiere algo de lo que hay muy poco, la gente se los peleará, con lo que el vendedor podrá regodearse con el precio y cobrar más caro. Esto hará que sea un buen negocio y que otras personas quieran fabricar lo mismo, lo que hará que haya más oferta y sean los vendedores los que deban pelearse a los compradores, con lo que el precio bajará. Estos subires y bajares harán que el precio llegue a un punto fijado por las necesidades de vender y comprar de las personas, lo que se llama precio de equilibrio.

¿Pero qué pasa si hay un monopolio, o si los pobres no pueden comprar lo necesario para la vida, etc.? Las respuestas a ésta y otras preguntas las tendremos en el próximo posteo.

sábado, 12 de septiembre de 2009

IdD: Quien te quiere te aporrea

Hace varios años mucha gente que sorprendía de la estúpida frase de Aylwin: “el Mercado es cruel”. Yo no la encontré tan terrible. Es cierto que el Mercado no puede tener sentimientos de crueldad ni de bondad, porque es sencillamente la suma de las decisiones de todas las personas, no un ente que sienta. Sin embargo, muchas veces las personas que integramos el mercado somos crueles, y muchísimas más somos pocos caritativos. Por ejemplo, en el antiguo mercado de las fiestas de 15, en el que las niñas estaban sentadas en una fila de asientos y los niños estaban parados eligiendo a cuál sacar a bailar, la joven de bonita letra no era la primera que sacaban a bailar, sino que muy probablemente de las últimas. La mayoría de los chiquillos no estaba interesado en hacer que la feíta se sintiera bien. La caridad no es algo que caracterice al promedio. Lo mismo pasa en las decisiones al momento de comprar. Si tenemos en un mismo estante un traje de lana de Bellavista Tomé, y otro extranjero más barato de igual calidad, generalmente la gente no dirá: “quiero gastar más plata para ayudar a la industria nacional”. Así el resultado será la quiebra de esa empresa, pero no por la falta de caridad del mercado, sino que de las personas que lo integran.

El actuar de quienes integramos el mercado, quienes buscamos nuestro interés personal, hace que éste propine a algunos el golpe de la dura realidad. Sin embargo, estos aporreos del mercado no son en vano. Después de la tormenta viene el Sol. Así, por ejemplo, el gobierno de Pinochet fue quizá el que vio más quiebras de empresas y suicidios de empresarios, producto de la poca competitividad de empresas que no resistieron la apertura comercial del país. Sin embargo, gracias a esas quiebras los recursos que estaban siendo utilizados en forma ineficiente en esas empresas fueron reasignados en otras industrias más eficientes, y logramos que en los 90 creciera la clase media y se nos llamara el Jaguar de Latinoamérica (título que se depreció con el paso del tiempo… o de la izquierda).

El mercado no es un guante de seda, pero quizá eso no es lo que necesitamos. Del mismo modo en que un niño que no recibe ninguna palmada terminará probablemente siendo un merengue abúlico, ingrato y maleducado, los países requieren de ciertos aporreos del mercado. Las fiestas de 15 son útiles para que las gorditas aprendan a ser simpáticas, y las desaliñadas a arreglarse un poco más.

domingo, 23 de agosto de 2009

IdD: Familia que reza unida permanece unida

Como la base de los conocimientos y valores de una persona son aprendidos en su familia, por poco la escasa piedad y abundante apetito de mi padre hace que aprendiera este dicho en su versión de “familia que come unida permanece unida”.

La idea del titulo de este posteo no es mezclar la familia con la religión, sino que salir al paso de aquellos que lo hacen, de aquellos que, por ejemplo, durante la discusión sobre la ley de divorcio decían: “si los católicos no quieren divorciarse que no lo hagan”, o “si los católicos quieren un matrimonio indisoluble ya tienen el religioso”.

¿Tenía que ver el matrimonio religioso en la discusión sobre el matrimonio civil? Chancho en misa. Al mezclar esos dos temas esa gente sólo nos recordaba que si se aprobaba la ley de divorcio sólo los “pechoños” tendrían la posibilidad de comprometerse de por vida en un matrimonio indisoluble. El Estado ya no sería garante de las promesas de amor eterno, por lo que habría que conformarse con tener de testigo a un cura.

Eso que sucedió hace un par de años con el matrimonio también sucede con otras instituciones que afectan la familia. El Estado olvidó que el hogar es algo que puede llenar de satisfacciones y beneficios, pero que es algo difícil de mantener, tanto para moros como para cristianos, y por eso el Estado debe ayudar especialmente a los moros que no tienen más soporte que la ley. Si el Estado no promueve la familia, sucede lo que leemos hoy en el estudio de la Fundación Jaime Guzmán en El Mercurio, que indica que "La evidencia muestra que en los últimos 12 años las políticas públicas han contribuido al deterioro de la familia tradicional". Por eso, se debe apoyar y fomentar la familia con políticas públicas adecuadas. En materia legislativa lo mínimo sería volver a exigir que para divorciarse se requiera acuerdo de ambas partes o lo que se llama el “divorcio culpable”.
La idea es que no sea la familia que reza unida la única que permanezca unida.